
Asociación Libre de Maltrato, Alicante
El muro de la expresión
En ALMA queremos vencer uno de los obstáculos de la lucha contra el maltrato, EL SILENCIO:
-
Opina sobre las últimas novedades en materia de violencia de género, doméstica, escolar...
-
Haz aquí tu propia denuncia, sobre lo que consideres injusto en esta materia.
-
Danos tu opinión sobre nuestra labor, haznos sugerencias... las publicaremos en este espacio, con tu nombre o de forma anónima.

Este trozito quiere saber tu opinión
La Asociación libre de maltrato, Alicante (Alma), habilita este espacio para que te expreses, puedes desvelar tu identidad o hacerlo de forma anónima según creas conveniente.

Este trozito quiere saber tu opinión
La Asociación libre de maltrato, Alicante (Alma), habilita este espacio para que te expreses, puedes desvelar tu identidad o hacerlo de forma anónima según creas conveniente.

¿Ojos que no ven?
Ojos que no ven... corazón que no siente... eso se dice.
Esta frase la tenía memorizada en mi cabeza desde la infancia, y viviendo lo vivido, he dejado de creer en ella, cuanto engaña la dichosita...
Yo no lo veía... todo empezó muy poco a poco, primero los enfados, luego mis justificaciones para no culparle, después vinieron los insultos, los gritos y yo no lo veía, pero ¿lo sentía? que si lo sentía... conseguí salir y hoy día tengo una vida plena y feliz junto a mis hijos y mi marido y viendo lo visto... menos mal que mi paciente entorno me ayudó a espabilar los ojos.
Mati E. S (San Juan, Alicante)

Cortar por lo sano
Tengo 68 años, estoy casada, no tengo hijos y toda mi vida he sido peluquera, todavía voy a casa de mis clientas a ayudarles a ponerse más guapas.
Al poco tiempo de casada, en las fiesas del pueblo, mi marido salió de fiesta con algunos amigos. Yo, decidida me marché con otra cuadrilla ¡no iba a quedarme en casa!, fuimos a un bar que para ese tiempo era muy moderno y divertido.
Lo estaba pasando tan bien que no miré el reloj, y cuando me dolieron los pies de tanto bailar, decidí volver a casa.
Me cerró la puerta desde dentro y tuve que llamar al timbre, me abrió y empezó a dar gritos y a insultarme, cuando me levantó la mano, le agarré del brazo y le dije -que sea la última vez que lo intentas, que a esta casa yo también traigo el pan.
Hemos discutido durante el matrimonio, pero mi gesto sin duda alguna, sé que frenó muchas otras discusiones que hubiesen estado de más, no le permití alzarme más la voz y me reafirmé a su lado como una igual, ni mejor, ni peor, como una igual.
Creo que fue el comienzo que muchas otras mujeres por miedo, inseguridad, ingenuidad... no han sabido dar.
Elisa la de la greña